Mundo ficciónIniciar sesiónLa felicidad, descubrieron Joe y Maxxine Kensington, no era un destino al que se llegaba después de una batalla. No era una medalla que te colgaban al cuello. La felicidad era una rutina.
Era el sonido de la cafetera goteando a las seis de la mañana en la cocina de Chelsea. Era el roce accidental de las rodillas bajo la mesa en una reunión de la Junta Directiva. Era el silencio compartido en el asiento trasero del coche después de un día de doce horas







