El fuego en la chimenea de piedra había bajado su intensidad, transformándose en un lecho de brasas naranjas que palpitaban con un calor suave y constante. Fuera, la tormenta de los Cotswolds había dado paso a una llovizna silenciosa, aislando la cabaña del resto del mundo como si fuera una cápsula del tiempo.
Dentro, el silencio era denso, pero ya no era incómodo. Era el tipo de silencio que existe entre dos personas que han sobrevivido a una catástrofe juntas.
Joe Kensington estaba sentado en