50. Alerta
50
El trayecto en el coche se vuelve una burbuja cerrada sobre sí misma. Elise y Kristian no se hablan; no lo necesitan. El vidrio de división se eleva con un zumbido seco cuando Jack carraspea desde el asiento delantero, dándoles privacidad sin pedir explicaciones. Elise apenas registra el movimiento. Tiene la respiración desordenada, la piel demasiado sensible, el cuerpo entero respondiendo a la cercanía de Kristian como si llevaran semanas conteniéndose.
Kristian no mira por la ventana. Toda su atención está en ella. En la forma en que Elise se muerde el labio, en cómo sus dedos se aferran a la tela del asiento. Su mano se desliza con decisión, sin prisas, bajo su vestido provocando una reacción que ella no intenta ocultar. Elise cierra los ojos, apoyando la frente en su hombro, dejando escapar confirmaciones ahogadas que solo él escucha.
—Compórtate, Kris —jadea Elise, sin mucha convicción.
Cuando el coche se detiene frente a la casa, ambos bajan casi sin coordinarse. La puerta se