44. Planeando cuidadosamente
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Las mejillas de Elise se ponen ligeramente rosadas al colgar, cuando Freyja la observa con más atención. No es un rubor exagerado, apenas un cambio sutil en su piel, pero Freyja lo nota de inmediato. Siempre lo hace. Aun así, no dice nada. No la presiona, no sonríe con burla, simplemente guarda el detalle para sí, como hace con casi todo.
El parque sigue lleno de vida alrededor de ellas. Personas que juegan, que conversan, que corren detrás de una pelota o simplemente caminan sin rumbo fijo. Vidas normales, aburridas para alguien como Freyja, predecibles hasta el cansancio. Observa a una familia que extiende una manta y saca recipientes de plástico con comida casera. Todo parece tan lejos de la realidad que ella conoce.
—Creo que debo viajar a Londres nuevamente —dice Freyja, retomando la conversación con un tono mucho más enfocado—. Si está allí, es mejor atraparlo cuanto antes.
Elise asiente despacio, girando el vaso vacío de su café entre los dedos. Ya no queda ni una gota de