45. Pasiones y corazones fríos
45
Cuando Kristian llega a casa, la mansión está en silencio. No ese silencio incómodo de las casas vacías, sino uno más contenido, como si las paredes respiraran despacio. Las luces del vestíbulo están encendidas, cálidas, y el eco de sus pasos resuena con suavidad sobre el mármol.
En la cocina solo queda una empleada. Una mujer joven que está secando la encimera, claramente lista para irse. Se sobresalta un poco al verlo entrar.
—Buenas noches, señor —dice con respeto.
Kristian asiente, se