Su mamá tenía razón. Si seguía forzándose de esa manera, solo estaría dándole vueltas a lo mismo sin llegar a ninguna parte. Era una pérdida de tiempo y no tenía ningún sentido.
Mateo lo entendió, y una sonrisa sincera iluminó su cara.
—Ya entendí. Voy a pensar mejor las cosas. No voy a seguir así.
Silvia observó la sonrisa de su hijo, sin estar segura de qué tan genuina era. Pero en ese momento, prefirió creer que sus palabras eran ciertas.
Su hijo ya era un adulto y tenía que resolver las cosa