Mateo dudó un largo momento. El movimiento de su garganta al tragar saliva delató su nerviosismo antes de que por fin se atreviera a hablar.
—Sofi, por favor, no es necesario que me des las gracias. Es demasiada formalidad entre nosotros… somos amigos, ¿no?
Su cabello, de un tono rubio, destellaba bajo la luz del sol, confiriéndole un aura casi etérea, como si no perteneciera del todo a este mundo. Sin embargo, en esta ocasión, Sofía percibió una seriedad inusual en su amigo. Era una actitud res