Silvia, como cualquier madre, deseaba que sus dos hijos estuvieran sanos y salvos. Sin embargo, después de todo lo que habían vivido, la decepción se había vuelto una constante para ella. El destino no solo no había sido benévolo con ellos, sino que parecía empeñado en enseñarle a soportar el peso de la vida.
Podía aceptarlo para sí misma, pues ya no era joven, pero sus hijos apenas comenzaban a vivir. ¿Por qué su pequeña, en especial, tenía que pasar por todo aquello? Cada vez que lo pensaba, e