Cuando Sofía se levantó, vio a Jimena sentada a la mesa, mirando a Alejandro con ojos brillantes.
—¡Vaya, Alex! ¡No puedo creer que hoy vaya a probar otra vez algo hecho por ti! ¡Cómo lo extrañaba!
Jimena continuó con teatralidad:
—No tienes idea, la comida que sirven en el extranjero es simplemente espantosa, casi imposible de tragar.
—Nada como estar en casa, y más con tu comida, Alex.
Alejandro, sin embargo, mantuvo una expresión serena.
—No toques nada. Espera a que Sofía se levante para com