Pero Alejandro ya no caía en sus juegos; con una expresión distante, le dijo:
—En un par de días, cuando te hayas divertido lo suficiente, te regresas.
—¿Me estás corriendo?
Jimena lo miró, incrédula, con la sorpresa pintada en toda la cara.
Se conocían desde niños, una amistad de años. ¿Acaso ahora, ya no importaba nada?
Pero Alejandro no se dejó influenciar; se mantenía firme en su decisión.
Esta vez, por más que Jimena intentó con cariños y ruegos, él no dijo ni una palabra.
Al final, la disc