Capítulo sesenta y cinco. Siempre es un buen día para comenzar
Siempre es un buen día para comenzar
«Tu hija es mi esposa…»
«Tu hija es mi esposa…»
Marco Moreno se quedó de piedra al escuchar las palabras de Arturo, lo primero que cruzó por su cabeza era que el magnate le estaba gastando una broma, una muy y pesada broma.
¡Era imposible!
Pero la seriedad de Arturo no ayudó a su argumento, el hombre estaba serio y su mano sobre la de Marco no se apartó.
—Bromeas, ¿verdad?
—No.
—¡Dios, no puede ser posible! —gritó el hombre.
Arturo suspiró al darse c