Capítulo ochenta y seis. Gracias por existir
Gracias por existir
Un ligero gemido escapó de los labios de Paula aquella mañana, mientras sentía un cosquilleo recorrer su cuerpo, la piel se le erizó al sentir los cálidos labios de Arturo deslizarse por su columna vertebral, sus manos recorriendo cada rincón de su cuerpo, hasta llegar al centro de su placer.
—¿Qué haces? —preguntó con voz ligeramente cansada, pero cargada de pasión y deseo.
—Quiero hacer hacerte el amor… —susurró bañando con su aliento cálido el oído y rostro de Paula.
—¡L