Capítulo cuarenta y cinco. Pruebas
Pruebas
Diego abrió los ojos, se dio cuenta de lo tarde que era al girar el rostro y ver la hora en el reloj sobre la mesa.
El abogado se puso de pie como un rayo y se olvidó del sueño de anoche, por el momento tenía que ocuparse de lograr hablar con Julián. Quizá el hombre se negara a ayudar a encontrar la punta del hilo a todo ese enredo. Después de todo, lo buscó porque estaba necesitando de él.
Mientras tanto, Julián preparó un rico y nutritivo desayuno, hoy pensaba llevar a Isabel a Milán