Capítulo cuarenta y cuatro. No era parte del plan
Isabel abrió los ojos, parpadeó un par de veces para acostumbrarse a la claridad en la habitación; las paredes blancas le indicaron que no estaba en la casa de Julián. Ella jamás olvidaría cómo olía una habitación de hospital.
—¿Qué sucedió? —preguntó al notar la figura de Julián parado cerca del ventanal.
—Te desmayaste —respondió el hombre volviendo junto a ella—, ¿cómo te sientes?
—Bien, yo… No sé cómo manejar la noticia que me has dado —susurró.
—Eso no es relevante, me preocupas tú, Isabel