Una punzada me atravesó la cabeza, como si mi cerebro se estuviera deshaciendo dentro de mi cráneo. Durante un segundo no supe dónde estaba ni por qué, y al siguiente tuve la extraña sensación de que ya había estado en aquel depósito con Priya y Anjur miles de veces, teniendo la misma conversación una y otra vez.
—¿Estás bien?
Fue al escuchar la voz de Priya cuando noté que me había recostado de espaldas contra la pared, como si necesitara aferrarme a un punto de apoyo para no desmoronarme. Ell