Cuando levanté la mirada y lo vi tan cerca, supe que ya no había marcha atrás.
No fue una decisión pensada; fue algo que se deslizó por mi cuerpo antes de llegar a mi mente.
Marcus no se movía. Me observaba como si temiera romper algo invisible entre nosotros. Eso fue lo que me empujó a acercarme primero. Mis manos subieron despacio por su pecho, sintiendo el contraste entre su piel aún húmeda y el calor que empezaba a nacer debajo. Su respiración cambió de inmediato, y ese pequeño detalle