Kiara
La tarde había sido cálida, pero sin llegar a ser calurosa. El aire suave se deslizaba entre los viñedos que rodeaban la mansión, mientras yo me recostaba en una silla de mimbre, disfrutando del vino que tenía en la copa. Cada sorbo era una pequeña victoria, una recompensa por lo que había logrado. Miré mi móvil una vez más, repitiendo el video de la noticia. Elena estaba muerta, y no podía evitar sonreír al ver cómo todo se había dado aun mejor de lo que había planeado. Lo había hecho,