Clara no durmió bien.
No fue por el casi beso, aunque su cuerpo insistió en recordarlo durante horas con una precisión irritante: la distancia mínima entre ellos, el calor de Leonardo, el pulso bajo su palma, esa fracción de segundo en que pudo haber dejado de pensar y permitir que ocurriera. Lo que le quitó el sueño fue lo que quedó después. La frase de él en la biblioteca, limpia, baja, imposible de verificar.
No estaba pensando en Isabela.
Una afirmación tan sencilla que Clara no podía desar