Clara tardó tres días en decidir si Leonardo merecía estar en la sala de espera de la clínica, y cuando finalmente le escribió confirmando la hora, no lo hizo por debilidad ni por ceder a la insistencia de nadie, sino porque quiso comprobar, con sus propias condiciones, si de verdad sabía quedarse quieto cuando no tenía el control de nada.
Jueves, once de la mañana. Puedes venir, pero te quedas donde yo te diga y no le preguntas nada a la doctora sin pasar antes por mí.
Leonardo respondió con u