—Leonardo Moretti me habló maravillas de ustedes —dijo la mujer, extendiendo la mano hacia Clara con una sonrisa amplia que no imaginaba el efecto que acababa de provocar—. Dijo que si alguien podía organizar el lanzamiento de nuestra fundación sin errores, eran ustedes dos.
Clara sostuvo la mano de la mujer con una sonrisa que le costó un esfuerzo enorme mantener, mientras algo helado se instalaba en su estómago con la precisión de una certeza que no quería confirmar todavía. Nicolás, a su lado