El departamento tenía las paredes blancas y una ventana grande que daba a la calle.
Eso fue lo primero que Clara notó cuando Nicolás la llevó a verlo el sábado por la tarde: la ventana. No era una ventana de mansión, con marcos de madera antigua y vista al jardín privado. Era una ventana de ciudad, con su mirada directa al movimiento de la acera, a los árboles del bulevar perdiendo sus últimas hojas y a la fachada del edificio de enfrente con sus ventanas anónimas. Una ventana que no tenía histo