Isabela dejó el teléfono sobre la mesa del comedor con el cuidado de quien coloca una pieza en el centro del tablero y espera que todos la vean antes de anunciar el movimiento.
No explicó lo que iba a reproducir. No pidió que alguien se sentara, no introdujo la escena con una advertencia ni con una disculpa anticipada. Lo puso ahí, con la pantalla hacia arriba y el volumen subido lo suficiente para que la habitación entera lo recibiera. Después se quedó de pie, con los brazos cruzados y esa exp