Seraphina
El mundo volvió a enfocarse con una lentitud dolorosa. El sonido de nuestras respiraciones agitadas llenaba el silencio de la suite. Su cuerpo estaba presionado contra el mío, un peso sólido y cálido que me anclaba a la realidad. Sus ojos, oscuros y febriles, buscaban algo en los míos, una respuesta a una pregunta que ninguno de los dos se atrevía a formular.
El sabor de él todavía estaba en mis labios, una mezcla de whisky y tormenta. Mi mente, normalmente un torbellino de cálculos y