Alessandro
El sonido de la llave girando en la cerradura fue definitivo. Un portazo metálico a la verdad, a la traición, al caos que ella había desatado en mi vida. Me apoyé en la puerta fría de la bóveda, con la frente pegada al hierro, escuchando sus gritos al otro lado. Cada uno de ellos era una cuchillada en mis entrañas. Una parte de mí, una parte primitiva y furiosa, quería abrir la puerta, arrastrarla fuera y obligarla a retractarse de su última mentira. Obligarla a admitir que lo que ha