Alessandro
El sol entró por el ventanal de mi estudio con una violencia que me obligó a cerrar los ojos. No había dormido. Mi cuerpo estaba cargado de una energía estática que hacía que el vello de mis brazos se erizara. El sabor de Seraphina seguía presente en el fondo de mi garganta, un rastro dulce y metálico que el whisky no había podido borrar.
Me toqué el hombro. La venda estaba tensa. Los puntos de sutura tiraban de la piel con cada movimiento, pero el dolor físico era insignificante com