Alessandro
La encontré en la biblioteca del ala este. No era una sorpresa. Parecía ser el único lugar de la casa, aparte de su suite, donde se sentía cómoda. Estaba sentada en un sillón de cuero junto a una de las ventanas, con un libro grueso sobre su regazo. La luz de la tarde entraba a raudales, iluminando las motas de polvo que bailaban en el aire y creando un halo alrededor de su cabello oscuro.
Por un momento, me quedé en el umbral, observándola. Había una quietud en ella que me resultaba