Seraphina
El estilista, un hombre delgado y enérgico llamado Julian, me había transformado. Durante dos días, mi suite se convirtió en un torbellino de telas caras, zapatos de tacón imposible y joyas que valían más que mi vida anterior. Me midió, me vistió y me desvistió como si fuera una muñeca, todo bajo la atenta mirada de Isaac Graves, que observaba desde un rincón con silenciosa desaprobación.
El resultado final era una mujer que apenas reconocía en el espejo.
Esta noche, para una cena de