Tres hombres custodiaban la extensa propiedad. El silencio de la madrugada era espeso, apenas interrumpido por el zumbido de los grillos. Ariadna dormía profundamente, al igual que Máximo , a pocos metros de su habitación. Afuera, Alejandro Gutierrez y un escuadrón de oficiales rodeaban la hacienda con precisión En un movimiento rápido, redujeron al personal. En medio del forcejeo, alguien disparó al aire.
El estallido del tiro quebró la calma.
Máximo se incorporó de un salto, alerta como una