ISABELLA
Habían pasado cuatro meses exactos desde la noche en que salí huyendo de la mansión, cuatro meses escondida en el pequeño departamento de Bruno.
Me pasé la mano por el vientre, la panza ya se notaba bastante. Usaba las camisas de franela holgadas de mi amigo para andar por la casa, pero la redondez de las dieciocho semanas era innegable, sentí un aleteo suave por dentro, justo debajo del ombligo y sonreí al instante.
—Ese niño va a nacer con un pincel en la mano —dijo Bruno, entrando a