ISABELLA
Me quedé sentada en la orilla de la cama mirando la puerta. Damián me había mandado a mi cuarto como a una niña latosa para quedarse a solas con su amiguita, nuestra burbuja perfecta se había reventado de la peor forma.
Escuché pasos en el pasillo, la voz de Vanessa sonó clarita, dándole órdenes a Matilde con un tonito tan prepotente que me hizo rechinar los dientes.
—Quiero sábanas de seda, las de algodón me irritan la piel y dile al cocinero que ceno a las ocho en punto, nada de carb