ISABELLA
Me quedé parada cerca del pasillo, ¿Cariño? Absolutamente nadie le decía así a Damián Black, ni su abuela, mucho menos yo.
La mujer avanzó por el vestíbulo de la casa como si fuera la dueña. Llevaba un traje sastre blanco que gritaba alta costura, tacones de aguja y el pelo rubio peinado perfectamente. Se acercó a Damián con una confianza que me revolvió el estómago y le dio un beso, rozando peligrosamente la comisura de sus labios.
Damián reaccionó con sorpresa, se quedó tenso, con lo