ISABELLA
El colchón se hundió bajo su peso atrapándome, Damián estaba sobre mí, una pared de músculo y calor que borraba el resto del mundo. Sus ojos grises oscuros por el deseo me escaneaban como si quisiera memorizar cada centímetro de mi piel antes de devorarla.
—No hay vuelta atrás —advirtió, su voz ronca rozando mis labios—. Si te toco ahora Isabella, no voy a parar.
—No quiero que pares —susurró mi propia voz, temblorosa pero segura.
Damián gruñó, un sonido animal que vibró en su pecho y