DAMIÁN
—¿Esa era tu urgencia? —pregunté, apretando el teléfono con tanta fuerza que crujió.
—No me hables en ese tono, jovencito —la voz de mi abuela Eleonora sonó tranquila al otro lado de la línea—. Y sí, es urgente, el jardinero quiere podar los rosales antiguos y necesitaba tu autorización.
Cerré los ojos, contando hasta diez.
—¿Me sacaste de una reunión vital para hablar de poda?
—Te saqué porque me aburría y quería saber si vendrían a cenar, además tu esposa salió corriendo de aquí esta m