Mundo ficciónIniciar sesiónISABELLA
El edificio de la empresa era una mole de vidrio gigante, me dio dolor de cuello solo de mirar hacia arriba.
Bajamos de la limusina y Damián entró en modo perro guardián, me agarró de la cintura, pegándome tanto a su lado que me costaba caminar con los tacones.
—Cabeza alta —me susurró al oído mientras empujábamos las puertas giratorias—. Todos saben cuánto costaste, que valga la pen







