Mundo ficciónIniciar sesiónISABELLA
El aire en la antesala de la iglesia no se sentía pesado ni asfixiante como aquella primera vez. Hoy el aroma a flores frescas y el calor de la mano de mi tía Eunice me recordaban que no era una moneda de cambio. Me miré en el espejo de cuerpo entero y por primera vez, no busqué a la niña asustada que fue vendida por cinco millones; busqué a la mujer que, después de haberlo perdido todo, decidió ganar el amor del hombre m







