Mundo de ficçãoIniciar sessãoISABELLA
La recepción esta vez nada tenía que ver con la frialdad de nuestra primera unión. El jardín de la mansión Black parecía haber sido tocado por un hada; miles de velas flotaban en los espejos de agua y el aroma a jazmines inundaba el aire. Pero lo que más me llenaba no era el lujo, sino la mano de Damián que no soltaba la mía ni un segundo, como si temiera que, de hacerlo, todo esto resultara ser un espejismo.
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