ISABELLA
Me quedé clavada en el inicio del sendero de pétalos, apretando el bolso contra mi costado con tanta fuerza que los dedos me dolían. Mis ojos recorrían el jardín, saltando de las luces colgantes a los músicos, pero mi mente seguía anclada en la furia de la noche anterior. Damián caminó hacia mí con una lentitud deliberada, su esmoquin impecable contrastando con el verde de mi vestido, no traía la cara de un hombre que pide perdón por una falta, sino la de alguien que está a punto de ga