El edificio de la corporación Cavalli se alzaba como un monolito de cristal y acero contra el cielo de la mañana, en su interior, el aire estaba cargado de una expectativa eléctrica, los rumores habían corrido como pólvora por los pasillos, el presidente no solo se había recuperado milagrosamente de un atentado, sino que hoy pondría fin a la mayor controversia que la alta sociedad había presenciado en décadas.
En el despacho principal, Sebastián Cavalli terminaba de ajustarse el nudo de su cor