La luz del sol que entraba por los ventanales de la mansión Cavalli ya no se sentía cálida para Clara; se sentía como un reflector en una sala de interrogatorios.
Sobre la mesa de mármol del comedor, los periódicos del día y las tabletas digitales mostraban titulares que eran dagas de tinta:
“La impostora de la alta sociedad”, “De cenicienta a estafadora, el doble juego de Clara Miller”, “La mujer que engañó al Halcón Ciego”.
Sebastián entró en el comedor, con su porte recuperado y una mirada