El aire en el estudio de Sebastián Cavalli estaba viciado, cargado con el rastro metálico del miedo y el aroma a vainilla que ahora, para él, olía a traición, Clara estaba de pie junto al escritorio, con la mano hundida en el bolsillo donde la llave maestra quemaba como un carbón encendido, sus ojos recorrían la estancia, buscando una salida que no fuera la puerta por la que acababa de entrar, mientras el silencio de la mansión pesaba más que cualquier ruido.
Sebastián estaba sentado en su sil