La tormenta que se cernía sobre la mansión Cavalli esa noche no era solo meteorológica, mientras los truenos retumbaban contra los ventanales reforzados de la suite, un tipo de dolor diferente, más antiguo y visceral, se desataba en el interior de la habitación.
Clara se había quedado dormida en el diván, envuelta en una manta fina, todavía con el eco de las palabras de Sebastián en su mente, "Eres un misterio fascinante", sin embargo, un sonido desgarrador la sacó de su letargo, no fue un gr