—No vuelvas… a pronunciar… su maldito nombre —siseé entre dientes, mis ojos fijos en los suyos, que estaban abiertos de par en par por el terror—. Emma es mil veces más mujer de lo que tú serás en toda tu miserable vida. Ella me levantó del suelo mientras tú estabas en Florencia buscando la forma de quedarte con mis empresas. Si vuelves a burlarte de ella, o de mi condición, te juro por la memoria de mi abuelo que no me importará ir a la cárcel por lo que te haga en esta cama.
La presión en su