Capítulo 2: Propuesta

—No voy a hacer un drama —respondí, y en un movimiento rápido, impulsado por una rabia que no sabía que albergaba, alcé la pierna—. Voy a dejarte un recordatorio.

La patada fue directa. Precisa. Un golpe que conectó con toda la fuerza de mi decepción y mi dignidad herida justo en sus partes nobles. El impacto fue seco, un sonido que resonó en la habitación. Stefano se dobló de inmediato, con un gemido agudo que se convirtió en un jadeo de dolor puro. Cayó al suelo, abrazándose a sí mismo, con el rostro tornándose de un color pálido alarmante.

Maike se lanzó hacia adelante, pero yo ya estaba retrocediendo hacia la puerta.

—¡Estás loca! —gritó Maike, arrodillándose junto a Stefano.

—No —dije, ajustándome el vestido con las manos temblorosas pero decididas—. Estoy despierta.

Me di la vuelta y caminé hacia la salida. Cada paso que daba me quitaba un peso de encima, aunque sabía que, al cruzar esa puerta, mi mundo exterior colapsaría. No tenía dinero, las deudas de mi padre muerto pesaban sobre mis hombros, y la clínica de mi abuela... la clínica necesitaba cada centavo que no tenía. Mi madre había huido años atrás, dejándome sola con este desastre. Pero en ese momento, mientras el aire fresco de la tarde golpeaba mi rostro al salir a la terraza, sentí que, por primera vez en años, estaba respirando de verdad.

Stefano gritaba insultos desde adentro, maldiciendo mi nombre y prometiendo que pagaría por ello. Pero sus palabras eran solo ruido. El problema no era Stefano, ni su infidelidad, ni su crueldad gratuita. El problema era el abismo frente a mí. Las deudas que mi padre había dejado no esperaban, y la salud de mi abuela era un reloj de arena que se agotaba sin piedad.

Bajé los escalones de la mansión. Mis rodillas flaquearon por un segundo, pero me obligué a seguir caminando. Cuando llegué al final de la entrada, dos figuras me esperaban. Eran los padres de Stefano. Rostros serios, impecables, vestidos con esa elegancia que siempre me había hecho sentir fuera de lugar.

Me miraron, no con lástima, sino como si estuvieran evaluando un activo en el mercado.

—Emma —dijo el padre de Stefano, un hombre cuya mirada era tan gélida como el invierno—. Sabemos lo que acaba de pasar. Stefano siempre ha sido un idiota.

Me detuve, mirándolos con una mezcla de sospecha y desesperación.

—¿Qué quieren? —pregunté, sin rodeos.

La madre de Stefano dio un paso al frente. Su sonrisa era calculada, una máscara que ocultaba intenciones que apenas empezaba a vislumbrar.

—Queremos una solución, querida. Stefano es un caso perdido en este momento, pero tenemos a nuestro hijo menor, Noah. Él necesita ayuda. Él necesita... una esposa que pueda manejarlo, que pueda devolverle la vida que perdió. Y nosotros, a cambio, podemos borrar cada deuda, cada centavo que debes, y asegurar el futuro de tu abuela.

La propuesta flotó en el aire, una red de seguridad lanzada sobre el precipicio. Sabía que había una trampa. Podía olerla, como el aroma a quemado en una cocina descuidada. Pero, ¿tenía otra opción?

Miré hacia la mansión, luego hacia ellos. La desesperación tiene un sabor amargo, y en ese momento, lo estaba probando todo.

—¿Qué tengo que hacer? —pregunté.

El contrato no estaba escrito en papel, pero podía sentir cómo se grababa en mi piel. Había dejado a un hombre que me despreciaba, solo para caer, posiblemente, en manos de uno que ni siquiera sabía que existía. El juego acababa de comenzar, y las apuestas eran mi vida entera.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP