ALESSIA CARPENTIER
La bofetada me giró el rostro con tal fuerza que sentí cómo me ardía la mejilla. Un pitido agudo llenó mis oídos, y por un segundo pensé que me desmayaría.
—¡Eres una estúpida! —escupió mi madre, con la voz envenenada—. Te envié a esa casa para que te hicieras amiga de la zorra que ama Adriano. ¡Para que sacaras información! ¿Y qué hiciste? ¡Llevaste a la inútil de tu amiguita y terminaste siendo echada a patadas por ese hombre!
Tragué saliva, el sabor metálico de la sangre l