ADRIANO
No me quedé ni un segundo más en la oficina.
Mi cabeza ardía, mi respiración era un martillo constante en mi pecho.
La imagen de ese bastardo tocando a Dalia, haciéndole daño, intentando romperla… me estaba consumiendo.
No podía quitarme de encima el impulso de ir a buscarlo ahora mismo y dejarlo desangrándose en una cuneta. Pero Gael tenía razón: la muerte rápida era un regalo que Theo no merecía.
Iba a hacerlo pagar. Iba a ser lento, doloroso, y cada día que respirara sería un torment