SARA BLACKSTONE
La caja de pan crujiente olía a mañana y a promesa. Alessandro había insistido en que no saliera sin ella; dijo que el pan caliente hace milagros, y en casa lo toma como si fuera el mejor conjuro contra cualquier mala noche. Abrí la puerta con cuidado y el olor me recibió antes que las palabras.
Valerio estaba en la cocina con una expresión entre concentrada y derrotada. Frente a él, una sartén humeaba con sospechosas manchas oscuras; el humo ligero formaba un halo sobre su cabe