Tengo algo por qué luchar.
VALERIO VISCONTI
El sonido de la puerta cerrándose fue más fuerte de lo que esperaba.
No porque hiciera ruido, sino porque marcaba una ausencia.
Sara se había ido.
El silencio se instaló en la casa como un fantasma amable.
Podía oler su perfume todavía: jazmín, lavanda y algo dulce que no sabía describir.
Afuera, los árboles se mecían bajo la brisa de la tarde.
Yo, en cambio, apenas podía moverme sin sentir el peso de las cicatrices. No solo las del cuerpo.
Me quedé sentado junto a la ventana,