ADRIANO
El camino de regreso a la mansión fue silencioso. El sol de la mañana iluminaba los destrozos a lo lejos: autos carbonizados, muros agujereados, árboles caídos.
Era increíble que un lugar que alguna vez fue símbolo de poder y tranquilidad ahora pareciera zona de guerra.
Cuando crucé las rejas, los primeros que vi fueron Gael, Paolo y Noah, todavía trabajando entre restos de humo y concreto.
Paolo sostenía una tablet, dándole indicaciones a Gael mientras miraba los planos del edificio.
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