ADRIANO
El sol entraba suavemente por la ventana del hospital. La habitación estaba en calma. Los trillizos dormían en sus cunas, envueltos como pequeños capullos, mientras Dalia descansaba recostada, mucho más tranquila que la noche anterior.
La miraba sin poder creer que lo había hecho. Tres vidas. Tres pequeños milagros que respiraban gracias a su fuerza.
No había nada en el mundo más admirable que verla ahí, con el cabello despeinado, la piel pálida, pero con ese brillo de amor que le llena