Todo lo que necesito eres tú.
ADRIANO
Después de molestar a Gael toda la mañana —porque sinceramente, no había nada más divertido que verlo sufrir por amor—, volví a casa.
La mejor parte de mis días siempre era esa: abrir la puerta y respirar el aroma a hogar, a paz, a Dalia.
Apenas crucé el umbral, el olor a comida recién hecha me envolvió. Caminé hacia el salón y la escena me robó una sonrisa:
Dalia estaba sentada en el piso, con el cabello suelto, jugando con Will; Valerio tenía a Alexander en brazos, dándole una especie